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Juana creció en una humilde familia campesina. Tuvo una sin educación, pues nunca aprendió a leer ni a escribir. La única enseñanza que recibió fue por parte de su mamá, quien le hablaba del amor infinito que Dios Padre y la Virgen María sentían por ella. Poco a poco empezaron a florecer en el corazón de Juana sentimientos de piedad, amor y una tierna devoción. Bastaba con verla todos los Sábados, recogiendo en el campo las flores más lindas que tuvieran los colores más vivos, para hacerle a la Virgen un enorme ramo y luego dejarlo a sus pies como ofrenda.
A pesar de que su país (Francia) se encontraba en plena guerra, ella era una niña, por lo que se dedicaba principalmente a jugar con sus hermanos y amigas. Un día, mientras corrían por una pradera entre risas y bromas, Juana se detuvo por que creyó escuchar a su mamá que la llamaba. Corrió a su mamá qué necesitaba, pero su mamá le dice que ella no la había llamado. Volvió donde los otros niños, pero volvió a escuchar la voz, esta vez vio también la imagen de 3 Santos que le decían que ella sería la salvación de Francia y su rey.
Decidió presentarse ante el rey, para pedirle permiso para dirigir el ejército. Ella era una adolecente de apenas 13 años, por lo que no fue fácil convencerlo, pero lo logró. El Rey le entregó una gran armadura, y una espada con 5 cruces, la cual llevó a todas las batallas junto a su bandera con flores de lis bordadas en oro.
Ganaron todas las batallas, pero todo cambió el día en que en plena lucha, un soldado de su ejército la traicionó y entregó al oponente, siendo condenada a muerte injustamente por hechicera. Al día siguiente en pleno centro, toda la gente pudo ver como una enorme luz la envolvió, y lentamente la elevó hacia El Cielo, al encuentro con Dios.
Hasta el día de hoy, en el centro de la ciudad de Ruán, aún arde una llamita de fuego muy brillante, recordándonos que Juana de Arco fue una santa pura y valiente.
Festividad: 30 de Mayo
Patrona de Francia
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